Proteccionista de los derechos humanos de las personas con trastornos de salud mental en Puerto Rico una agenda ausente

 

Por. Francisco A. Borelli Irizarry , especial  para De Todo Carolina

martillo de juez

Una formación educativa en Puerto Rico de todos los ciudadanos y ciudadanas  dirigida a formar una cultura proteccionista  de los derechos humanos  es una agenda necesaria para la realización  de estos y para habilitarnos como país ante los retos que nos presenta el siglo XXI.   .

A pesar de su sólida fundamentación,  de su desarrollo histórico  y sobre la diversidad de nomenclaturas que se le ha designado a la naturaleza de inderogables, inalienables, imprescriptibles, derechos fundamentados naturales, precontractuales,  subjetivos positivos, existe en realidad  una brecha muy grande entre el reconocimiento y  ejercicio igualitario de los derechos humanos en nuestro país…

Un ejemplo de esta brecha la vemos  entre el reconocimiento  que se hace de los derechos humanos de las personas adultos y nin@s  que padecen de trastornos de salud o enfermedad mental a través de Ley  de Salud Mental de Puerto Rico, Ley  408-2000 (24 L.P.R.A. 6152, et. Seq.),y la realidad en el trato discriminatorio que sufren a diario estas personas por la mayoría de los miembros de la comunidad en general.

humanos de las personas con condiciones de salud mental  incluyendo a los adultos y niños(as) que se encuentran procesados por el sistema de justicia sean estos procesados, condenados, privados de libertad o en la libre comunidad. La Ley 408, le impone obligaciones de hacer a casi todas las agencias administrativas públicas de Puerto Rico  incluyendo el Departamento de Educación, en protección del derecho a recuperación que tienen estos pacientes.   A la luz del marco internacional de los derechos humanos, al comparar los objetivos y propósitos contenidos en la Ley 408  con los requisitos de protección contenidos en la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU 2009) y la Convención de los Derechos del Niño (ONU 1995), es evidente  que existe una concurrencia o coincidencia  con  la protección de los derechos que se garantizan a esta población tanto en la ley 408, como en  ambos instrumentos internacionales. De esta forma, la Ley 408 se adelantó en su tiempo a recoger por vía legislación lo que constituía el interés internacional en la protección de los derechos humanos de las personas con trastornos de salud mental.

No obstante que ese es el estado de derecho, no obstante que sea la conclusión a que se llega en la mayoría de  conversatorios académicos sobre el tema, las personas que padecen condiciones de trastornos de salud mental incluyendo los niños(as) se encuentran, entre los grupos de mayor vulnerabilidad a la exclusión social, el trato desigual y el estigma que se manifiesta  por parte de casi todos  los componentes de la sociedad civil en general hacia estos y que se siguen transmitiendo a  las nuevas generaciones. Dicho trato está sustentado por un prejuicio cosechado a través de la manipulación de la información de los conflictos que surgen cuando las necesidades de servicios de salud mental de esta población no son adecuadamente atendidas, tratadas o diagnosticadas.  Ante la ausencia de dicha información, de la formación y de la educación sobre la salud mental  es que se construye la falacia de que la persona que tiene un trastorno de salud mental incluyendo adicciones, es sin más, una persona peligrosa. Dado este cuadro de desconocimiento no es de extrañar que la mayoría de las personas, incluyendo integrantes de agencias proveedoras de servicios de salud se refieran a ley 408 como ” una orden que emite un tribunal para ingresar  de forma involuntaria a un  hospital psiquiátrico  a  un  paciente que esta peligroso”. Dicha frase no solo es incorrecta de su faz si que también reduce el alcance de los múltiples aspectos que  integra la ley 408,  y que son  muy importantes dentro del  plan  de cuidado, tratamiento  y la recuperación  como derechos del paciente.

Sobre ese estigma al que nos hemos referido, deben añadirse otras circunstancias de exclusión como son la pobreza que muchos de estos pacientes padecen. Es sobre ese cumulo de factores, que se construye una supuesta inferioridad  del paciente de salud mental como persona. Lo anterior nos puede dar marco de referencia para anticipar la magnitud de la barrera que encuentran estas personas  al acceso igualitario de los más elementales derechos inherentes al ser humano.

Eliminar esas barreras solo es alcanzable  a través de una educación desde la infancia  dirigida a desarrollar cohesión social hacia la  solidaridad y colaboración para proteger los derechos humanos. La realidad que viven los pacientes de salud mental vulnera la garantía que conlleva el valor de la dignidad humana y el resto del ideario inspirador de los derechos humanos recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, como la igualdad y la solidaridad (De Castro Cid, 2004, p. 162-163).  Un contexto social de ausencia de una cultura proteccionista de  los derechos humanos, es el caldo  de cultivo  para las prácticas de todas las formas de opresión y su versión moderna de la opresión encubierta. Recordemos que desde 1789 en la Declaración Universal de los Derechos Del Hombre y del Ciudadano, proclamada en Francia el 26 de agosto, se reconoció en  su  Artículo 2,  la resistencia a la opresión que como uno de los derechos universales  naturales e imprescriptibles  de las personas .

En Puerto Rico  hemos aceptado como método de resolución de nuestros conflictos el poder sobre, en lugar del poder para.  Nos hemos ubicado en el modelo del combate para imponernos sobre todos aquellos a quienes se nos ha instruido que son nuestros enemigos en lugar de reconocer la fuerza del poder de todos que surge de la solidaridad como instrumento para resolver nuestras controversias realmente importantes (Kalberg, 2004).  Preferimos aceptar y comprar una identidad cultural ajena y de violencia, de exclusión, de fragmentación  y nos resignamos a aceptar convivir de  en la intolerancia, para excluir de nuestra mirada a las personas y no a los actos. Así, excluimos a los que no son del partido, o del género dicotómico, o los que no tienen hogar, los enfermos mentales,  en fin a las personas que no son “supuestamente buenos” en lugar de rechazar las malas acciones,  como la corrupción y todos los actos que atentan contra el bienestar general de la mayoría de los personas..

No podemos continuar  conviviendo hacia la  regresión de la humanidad  y llegar nuevamente a las condiciones del estado de naturaleza descritas por Thomas Hobbes en su obra Leviatán, es decir,  la guerra y la discordia basadas en la competencia, la desconfianza y la gloria individual.

Reitero en conclusión, que es través de la educación de todos y cada uno de los ciudadan@s   que  vamos a poder avanzar hacia el objetivo de construir una generación de hombres y mujeres con cultura proteccionista y garantista de los derechos humanos de todos y todas. De  esta forma nos habilitaremos para aportar a un  movimiento solidario que sirva de contención a la competencia voraz, descontrolada y  destructiva  en la sociedad de la  globalización. mediante un activismo ciudadano que aporte a  garantizar y proteger los derechos humanos de solidaridad.  De esta manera, el recurso humano de nuestro país podrá constituir nuestra  riqueza y la fuerza más importante de nuestro desarrollo futuro, en la medida en que todas las estructuras administrativas y de creación de las políticas públicas están dirigidas y operados por personas formadas en una cultura de paz y protección de los derechos humanos. Es imperativo mantener  del estado social democrático de derecho su función vital de contención como mecanismo  contra la expansión y/o la reproducción   de los atentados a la dignidad humana, ideario básico de la Declaración Universal los Derechos Humanos.

 

 

* El autor es Juez Superior en el Tribunal de Carolina.

Las expresiones, opiniones, reflexiones y comentarios expresados por el autor  en este escrito no representan la posición oficial de la rama judicial .

 

Bibliografía

  1. De Castro Cid Benito , Introducción al Estudio de los Derechos Humanos, España, Editorial Universitas, S.A.(2003)
  2. Hobbes Thomas, Leviatán, o la materia, forma y poder de una Republica , Eclesiastica y Civil, Editorial Universitaria, Universidad De Puerto Rico, (1968)
  3. . Kalberg Michel; Beyond The Culture of Contest, George Roanald , Oxford  (2004)

Leyes y Tratados

  1. Ley 408 2000  Ley De Salud Mental de Puerto Rico,     24 L.P.R.A.  6152, et. seq.
  2. Declaración Universal De los Derechos del Hombre y del Ciudadano, Francia, 1789, www.conseil-contituionel.fr
  3. Declaración Universal de Derechos Humanos, ( ONU, 1948) https://www.un.org/es/documents
  4. Convención del los Derechos del Nino (ONU 1995), www.unicef.org
  5. Convención de los Derechos de Personas con Discapacidad ( ONU 2009), www.un.org/esa/socdev

 

 

 
 
 
 
 
 
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